martes, 23 de abril de 2013
Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.
Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura de tus pezones,
la caja de tus ojos que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.
Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.
-Pablo Neruda-
martes, 2 de abril de 2013
en fin
En lo abstracto. En lo disímil de la sombra que mi planta de
canela abarca. En lo extraño de extrañarte, así
sombra-humo. En el refrigerio o
en la más ardiente infusión derrochada
en una noticia. En los sueños dormidos en los bolsillos (descosidos). Usted
es una palabra distante, de sabor
extranjero y embriagador, tan aguda como
el recuerdo mismo. Como el recuerdo tallado en tu calendario azteca. En tus
ruinas o en las mías. En las carcajadas ajenas. En tu palma sobre mi rodilla. En el mar desesperante. En la
fuente de la esquina. En tu fe, esa misma que deshojas sin hipocresía. En fin, allí entre tus yemas me pierdo, me encuentro cada noche, cada día.
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