Una mirada vacía.
Una sonrisa adivinada.
Escalofríos por mis piernas
ante tus letras (certeras caricias)
y tú creyéndome hada.
No tengo alas,
sólo sabor a mar, a río
a bares repletos de perfectos desconocidos
que temen volver a sus casas y encontrar la soledad sobre sus almohadas.
No me pidas razones,
solo puedo hablarte de locas siestas descalza,
de las mil maneras en que me (des)encuentro enamorada.
Aún conservo aquella pluma ¿te acuerdas?
cuando el eje vertebral de tus instintos
navegó por mi espalda,
cuando encallaste en mis pecas, besaste mis lunares
y convertiste mi piel en una playa dorada.