
Lúgubre,
como si nunca nos hubiésemos rozado
los retales de un tiempo cándido.
Casi siniestro,
te apareciste y compartimos cuatro baldosas.
Fingí no conocerte,
esa defensa inquieta para ocultar viejos sentidos.
Por un instante recordé tus vuelos...
amabas cada porción de la luna.
Ayer me crucé con esa mirada que alguna vez fue mía,
y como un bisturí
se enterró hasta mi alma.